Porque yo lo digo, que soy el presidente Rajoy

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Una pizca de sal

Rafael Sanmartín

“Es así porque lo digo yo, que soy el presidente”. Dijo el buen hombre. El que no conoce a los de su partido, el que no sabe si los españoles son europeos (pues, si no, deben ser “europedos”); el que, de tan generoso, no sabe cuánto cobra. Pues, no, D. Mpunto. Por muy presidente que sea, las cosas no son porque un señor lo diga. Señor cortito (de miras), la Ley está primero y es para todos. Aunque usted lo ignore, o se fuerce en ignorarlo, como tantas otras cosas, por encima de la Ley sólo está, debe estar, la Justicia. La Justicia, no los maleables tribunales que usted y los suyos tan bien manejan. Lo dicen los jueces demócratas y el Consejo de Europa. Y no lo dicen “porque lo dicen ellos”, sino porque se basan en la legalidad aceptada por veintiséis estados componentes de la llamada “Unión Europea” y por la inmensa mayoría de los existentes en el mundo. Aunque alguno más lo olvide, que con usted son tres.

La caspocidad carca critica a los jueces, sólo cuando son demócratas (los jueces. La caspa no puede ser demócrata). Aquellos que dejan en ridículo la Semana Santa, al hacerse sus panegíricos desde una posición personal obsoleta, ultraconservadora, totalitaria, autoritaria, nauseabundamente fascista, y, entre golpe y golpe, de varal -los de pecho están ya muy antiguos- aplauden enfervorizados la falta de independencia judicial, si es para impedir que los pueblos puedan pronunciarse. Pero critican a los jueces capaces de avisar de la inconstitucionalidad de la cadena perpetua.

Exigen a los demás “cumplimiento exhaustivo de las leyes”, pero no les basta la decisión jurídica si no es favorable a sus propuestas personales o a sus intereses. La condena sin revisión, arma en manos de los jueces, no les satisface. Necesitan más. Aquel cuento de “Odia el delito y compadece al delincuente” hasta ha desaparecido de las cárceles ¿para qué, si no se cumple? En un Estado dónde se tiene claro el valor de la cárcel como escuela de delincuencia ¿para qué, a quien servirá la “condena eterna revisable? (Ah, ya, “permanente no es igual que etera). Supuestamente revisable. ¿Quién la va a evaluar para su revisión? ¿El juez, que no puede estar permanente en la prisión? ¿los carceleros…? ¿Imposibilidad de mejorar las condiciones de vida en muchas prisiones, en perjuicio de la posibilidad de recuperación? ¿Cómo impedir la entrada de droga ó las mafias carcelarias? ¿Qué “ley de silencio” puede mejorar instintos, y mucho menos evaluar comportamientos dentro de un sistema cerrado y proclive a normas filo-mafiosas?

Si algún día las cárceles se convirtieran en escuelas de ética, moral, amor por el trabajo, ayuda y respeto mutuos, todas las condenas podrían ser revisables. Pero estamos muy lejos de que la cárcel pueda redimir ni mejorar comportamientos anti sociales. Imposible mientras se entienda únicamente como un castigo, que es decir una venganza. La inmensa mayoría de la sociedad, la misma que aplaude  y vota a los corruptos, sólo piensa en encerrar, apartar de su presencia, lo contrario de redimir. No se piensa en recuperar al delincuente, en devolverlo a una vida social decente, sólo en aplastarlo. Pero eso es venganza, no Justicia. Todo empieza en la educación. Educar ni es maltratar, ni dejar a un niño sin madre por haber recibido dos bofetadas, otra cosa es el maltrato. Y la educación es responsabilidad del Estado, que no debe ser una responsabilidad de chiste, sino un muy serio interés primordial. Fundamental. Cuando, a pesar de todo, elementos nocivos puedan constituir un verdadero problema para el resto (a pesar de todo) deben ser apartados mientras no pueda comprobarse un sustancioso cambio en su modo de comportamiento. Pero el castigo, por sí sólo, no cambia a la gente, si acaso las endurece. Sólo es posible conducir y corroborar un cambio si se cuenta con el tratamiento adecuado en un ambiente educativo propicio, conducente a hacer el bien.

Cuando la cárcel sea un instrumento educativo, correctivo, escuela de paz y de convivencia, entonces, y solamente entonces la “prisión permanente revisable” tendrá sentido. Entonces dejaría de ser una venganza.

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